En el Instituto “Consultoría Espiritual” la Formación de  los Consultores Psicológicos (Counselors) se basa en la teoría rogeriana del Enfoque Centrado en la Persona, es congruente, pues,  aplicar la teoría de Rogers de la Educación Centrada en el Alumno.

         Rogers explica como se genera el cambio en su manera de enseñar hablando de su propia experiencia, y dice que a medida que en terapia confiaba más y más en la capacidad del individuo no pudo evitar cuestionarse su enfoque en la enseñanza. Si veía a los consultantes como dignos de confianza y básicamente capaces de descubrirse a sí mismos y de guiar sus vidas en un ambiente que Rogers mismo era capaz de crear, ¿por qué no podría crear el mismo clima con los estudiantes y promover un proceso autodirigido de aprendizaje?

         Esto es lo que deberíamos lograr todos los docentes, tomar esta actitud respecto de los alumnos: considerarlos dignos de confianza y renunciar a ejercer el poder evaluando o juzgando a los alumnos.     
    Tener la generosidad de dar sin esperar “devolución”, ya que a menudo las evaluaciones pueden estar condicionadas por la necesidad del docente de comprobar su propia eficiencia, sin tener en cuenta que el alumno puede tener otro ritmo para convertir como propio el aprendizaje.
    Es indudablemente más fácil y más seguro para los directivos y docentes tener todo controlado exigiendo resultados y constatando permanentemente el aprendizaje, pero eso es priorizar la comodidad de los docentes antes que el aprovechamiento de cada estudiante en particular.

             Rogers extrae del diario de una maestra y cita la siguiente frase:   “Yo deseo realmente ayudar a mis alumnos a que encuentren el sentido de la seguridad dentro de sí mismos, de manera que el inevitable cambio no los asuste”.
    Es justamente el cambio lo más difícil de lograr con los profesores habituados a otro sistema de enseñanza.
    Qué bueno sería que la única preocupación de los docentes sea brindar la máxima excelencia académica y desarrollar la creatividad, de modo que cada clase dictada sea única e irremplazable y genere en los alumnos deseos de participar y hambre de aprender.

    Los docentes deben estar dispuestos a no “manejar” los resultados, sino a dejar en manos de los alumnos el proceso de formación, de acuerdo a las ideas del filósofo Martín Heidegger que dice que “enseñar es dejar aprender”.

    No seremos maestros y evaluadores sino “facilitadores de aprendizaje.”

     

 
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